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Se acaba el curso. Artículo de Don Benjamín en "La Opinión"

Se acaba el curso

La escuela es la vida que siempre mira hacia adelante sin olvidar sus referentes

 

BENJAMÍN CHARRO MORÁN Se acaba el curso, pero la escuela debe seguir porque no tiene fronteras ni días en el calendario. La escuela es la vida que siempre ha de mirar hacia delante sin olvidar sus referentes. Ésta debería ser el lugar para enmendar errores pasados y como dice Steiner en sus «Lecciones»: «la mala educación disminuye al alumno, reduce a la gris inanidad el motivo que se presenta, instala en la sensibilidad del niño o el adulto el más corrosivo de los ácidos, el aburrimiento, el gas metano del hastío; millones de personas han matado las matemáticas, la poesía, el pensamiento lógico, con una enseñanza muerta y la vengativa mediocridad acaso inconsciente de unos pedagogos definitivamente frustrados». Lo que no podemos permitir es que se muera la escuela como se mueren los pétalos de una flor que se marchita. ¿Estaremos agotando los conceptos, las definiciones, las ideas, la propia escuela? De todas las maneras a los docentes siempre les quedará la esperanza de poder pensar más allá de los otros, de lo que le dicen los textos, los libros, y reinventar cada día los cuentos viejos para hacerlos nuevos y enseñar el camino del futuro.
Poco a poco van pasando los cursos y van muriendo infancias que con esfuerzo y disciplina se van curtiendo en el difícil arte de ser ciudadanos de bien. No serán quizá demasiados pero serán los suficientes para seguir haciendo el bien y manteniendo la esperanza en un mañana mejor. Sí, porque hoy en día, entre presentes demasiado atiborrados de cosas, resulta mas difícil aprender a ser hombre y mucho más a ser docente. Desde que se inventara el arte del entretenimiento la profesión docente parece haber cambiado aunque de sobra sabe que siempre debe mirar al futuro. Bien sabe el maestro que «quien enseña sin emancipar embrutece», y hoy en día nos cuesta facilitar la emancipación. Que la comodidad y el escaso esfuerzo de nuestros alumnos sorteando prisas conducen más que a la escuela a una crisis más moral que real. Ya sé que el esquema pedagógico anterior parece haberse agotado, pero... ¿realmente existe alguno alternativo novedoso? Cada día más tanto la enseñanza formal como la informal me parecen más inútiles para un tiempo de tanta confusión donde la escuela tan sólo parece haberse convertido en una moneda que sube y baja de valor en función de las ideas políticas que cada cual trata de imponer.
El maestro, el docente, acaba cansado, desilusionado y ahogado entre papeles inútiles que ha de cumplimentar como si de un castigo a copiar se tratase. Él, como siempre fue sufrido y callado estoicamente sigue sin perder su esperanza en que el curso próximo siempre sea mejor. Demasiadas cordilleras de programas y programas que a veces despistan, confunden. Menos mal que al menos, ahora no ha de repetir y repetir con su vieja Olivetti repleta de calcos para cambiar el error. A veces me pregunto ¿Quién inventa tanto Plan si al maestro en su escuela no le queda tiempo para enseñar? ¿Para qué tanto papeleo si el fracaso escolar continúa en aumento? ¿No será que lo que falla no es la escuela sino lo que hay fuera de ella? Retomo la reflexión con la que daba comienzo a este artículo e invito a la reflexión para que el próximo curso resulte más eficiente y el docente pueda ejercer de docente, facilitándole la tarea de mantener el orden, su autoridad y el clima más propicio para poder enseñar. ¡Feliz verano!

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